“Cinco estaciones completas acarreando tierra cálida, musgo fresco y buena semilla .Verso tras verso, anduve muda entre los corredores de mi jardín secreto, que tonta fui, hasta hoy me doy cuenta de que estaba vacío. Siempre seré Alicia…siempre, aunque no exista un conejo, ni un hombre de latón”
JEM
FEB 2008
Aprendí a resignarme en los légamos ocultos donde se hunden las almas incompletas. Donde pasan atónitos ríos de palomas navegando en los vuelos silvestres de la tarde.
A mirar desde el bajel la jaula de rocío donde desgobierna mi cansancio, la anarquía de un amor oxidado en sus cerrojos
Busco una palabra que contenga a mi tristeza taladrando calendarios de madera en los montes clandestinos en que habitan mis nostalgias.
Te nombro entre céfiros purgados en ausencias, y los pájaros brotan de la piedra y se oyen murmullos en cada madriguera. y se tronchan los pasos de cada escalinata.
Entonces comprendo la antípoda del tiempo, trayendo a mi regazo marionetas y arlequines.
Sentado en la mesa del destino bebo las grietas ocultas de los verbos. Te nombro y es tu nombre una calleja de escombros donde descansan distante los pies de un arco iris.
Quiero besar los colores de tu sangre y te evades como hoja amarilla de un arbusto.
Arrastro fetiches en túneles de greda cuando el límite desata mis latidos, y el silencio jadea encrespado en los espejos. y con remos encorvados se marcha el infinito
Desde la máscara oscura de la vida comienzo a distinguir entre mis ruinas el perverso engranaje de lo absurdo,
Quote Talking about YouTube - Celebrando la libertad (Chirikure Chirikure, Zimbabwe) Celebrando la libertad es un canto poético maravilloso DISFRUTENLO JEM WONG
Memoria audiovisual del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Chirikure Chirikure nació en Gutu, Zimbabwe, el 17 de Marzo de 1962. Se graduó en la universidad de Zimbabwe y es becario honorario de Universidad de Iowa, USA. Trabajó tiempo completo como editor durante 17 años (hasta el 2002). Ha publicado dos volúmenes de poesía en lengua Shona: Rukuvhute, 1989; y Chamupupuri, 1994. Su tercer volumen de poesía, "Hakurarwi/ No dormiremos", posee traducción al inglés. Realizó su primer volumen de poesía con música, "Napukeni", en el 2002. Ha escrito también un número de libros infantiles y libros de texto educativos. Chirikure escenifica su poesía con música o en solo. Ha escrito también textos líricos para muchos músicos de Zimbabwe. Ha realizado sus puestas en escena en muchos lugares del mundo durante los pasados años. Poema leído en la décimo cuarta versión del Festival, traducción desde el inglés de Rafael Patiño.
Oscura y perversa nube de melancolías
Eres puerta sangrienta del averno
¡Aléjate, del límpido cielo de los sueños!
De las realidades que no te pertenecen
No las cubras con mantos de odio,
No enlodes con fétido aliento de azufre
No utilices a quien es carne de mi carne
¡Aléjate, cobarde duende esclavo del demonio!
No parece haber salida eso es lo que crees,
Conviertes la vida en espantos rojos
Nombras el pasado, lo ensucias, lo ultrajas,
Cubres todo con la negra sal de envidia
Trituras, destrozas, amenazas,
Chantajeas decapitando la cordura
Filosas son tus tijeras
tras los matorrales
rata inmunda
Amenazas el hilo de plata
No temoSi te complace ¡Córtalo cobarde!
Acorralas todos los yoes
Y el estigma de la bilis negra expones con saña
Laberintos infernales de cristales rotos
Son cuna de equivocaciones
Pero son mías.mías.
Cuando danza el limonero o llora el manzano
Cuando la vida se escapa y se posa en una estrella
Cuando sangran de placer los botones de la blusa
Son mis yoes.no ajenos
Bastarda es la mano que degolla ilusiones
Arrancas del vientre viseras
convirtiéndolas en culpas
Son mis yoes.no ajenos
No temosi te complace ¡Córtalos!
Asumo lo que corresponde,
lo enfrento, no me escondo
No bajaré jamás la cabeza, no derribaran la frente
Soy la hija del fuego,
la Diosa de emociones extremas
No me avergonzaré jamás de ello,
Ni morirá el alma bajo el yunque de culpas ajenas
Ni será manicomio del alma perversa última morada
Vuela ya de mis caminos, nunca fuiste
Piérdete cobarde ser entre las galerías de estiércol
Tu verde lengua duende del averno será condena
Astillas de hiel atragantarán tu garganta
Te perderás entre los ciegos remolinos de tus odios
Torcida mueca dibujarán los vientos del Norte sobre tu rostro
El Cazador de Demonios atrapará
la perversidad de tus generaciones
Y tu alma será ceniza negra cubierta por loza fría
No utilices a quien es carne de mi carne
No hay lugar en el universo
que proteja de los humos negros
Cuando tu enorme boca se desangre
verde duende del averno
El cordón se ha roto
otro poeta abandona el vestido…
Rebelde, sin ataduras, ni frenos
bate las alas Blanca Señora
conquista el centro de rueda
y mientras escuchas
los nobles cantos
de las apacibles hierbas
colma de letras
el tazón celeste
y escribe el poema
sin pestañear.
¡Así sea!
Fanny Jem Wong
12/03/2009 A la memoria de Blanca Varela
Nacida en el seno de una familia de escritores y artistas . En 1943, ingresa a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación. Allí conoce a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú y de quien sería su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo, al tiempo que comienza a asistir a la tertulia de Peña Pancho Fierro, dirigido por Alicia y Celia Bustamante. En 1949, los esposos parten rumbo a Francia. . Una vez en París conocen a Octavio Paz. En 1954, viajan a Florencia, para volver al Perú un año más tarde. Entre 1957 y 1960 se instalan en Washington, D.C., donde Varela vivirá de hacer traducciones y eventuales trabajos de periodismo. Es también en 1957 cuando Salazar Bondy y Alejandro Romualdo la incluyen en su Antología general de la poesía peruana. De 1977 a 1979 Varela es secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional, y en calidad de tal acude a los congresos de Hamburgo (1977), Estocolmo (1978) y Río de Janeiro (1979). De 1974 a 1997 representó en el Perú a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. Además ha colaborado en numerosas revistas del Perú y el extranjero.
Publicó: Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel – Antología (1986), Canto villano – Poesía reunida (1986), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Canto villano (Poesía reunida, 1949-1994) (1986), Como Dios en la nada (Antología 1949-1998) (1999), Concierto animal (1999).
Octavio Paz:
“Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia. En sus primeros poemas, demasiado orgullosa (demasiado tímida) para hablar en nombre propio, el yo del poeta es un yo masculino, abstracto. A medida que se interna en sí misma –y, asimismo, a medida que penetra en el mundo exterior- la mujer se revela y se apodera de su ser. Cierto, nada menos "femenino" que la poesía de Blanca Varela; al mismo tiempo, nada más valeroso y mujeril: "Hay algo que nos obliga a llamar mi casa al cubil y mis hijos a los piojos". Poesía contenida pero explosiva, poesía de rebelión: "Los números arden. Cada cifra tiene un penacho de humo, cada número chilla como una rata envenenada…". Y en otro pasaje: "El pueblo está contento porque se le ha prometido que el día durará 25 horas. Esto es la inmortalidad." La pasión arde y se afila una frase que es, a un tiempo, un cuchillo y una herida: "Amo esta flor roja sin inocencia".
A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de
conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es
ridículo caerse de trasero with music in your soul.
la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada
V
Aquella torturada nube parecía tan firme,
ambulando,
desgarrando,
chocando con masas de ángeles.
Cóncava,
valva de nieve y soledad,
de trajín y música constante,
de arena, de resplandor
y fuga,
desierto etiope
en un tutti de gemidos
y sorpresa.
Tan exacta
sobre el laberinto de la pupila,
color perdido
de vieja misiva,
terrible silencio
de quien ha sacudido el aire
y conoce el vado de los sollozos.
Continuaba,
migradora,
llave del torbellino
como una gota pura
preñada de su propia existencia.
El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.
No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.
Insiste.
Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono.
Te equivocas.
Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos.
No. Es música.
No. Alguien llora muy despacio.
No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío.
No. Es un incendio.
Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,
todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.
T ú estás solo, al otro lado.
No te quieren dejar entrar.
Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.
Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide
con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable redondez.
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la vida.
No puedes entrar.
Dicen.
Perdidos en la niebla
el colibrí y su amante.
Dos piedras lanzadas por el deseo
se encuentran en el aire.
La retama está viva,
arde en la niebla,
habitada.
( dedicatoria)
porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío
no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie
aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver
digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.
IV
Deseos, piedras, cielo a jirones,
ni un ave.
Estoy huyendo.
Una nueva montaña,
un río joven, sin ira.
Éste es el mundo que amo.
Quiero un cielo veloz,
la mañana distinta, sin colores,
para poner mis ángeles,
mis calles donde siempre hay humo y sorpresa.
En el desierto, a oscuras,
temerosa del amor
la ostra llora a solas.
Caen las lívidas hojas de tu frente,
Te alejas, negra burbuja sin destino.
Se abren súbitamente mil calles,
arrecifes en llamas
retienen tu cuerpo helado como una lágrima,
nada te hiere,
el coral clava su garra en tu sombra,
tu sangre se desliza, inunda praderas,
salta de las ventanas como un rojo sonido
y todo esto no es sino el otoño.
IX
El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.
Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.
EL MAR PLIEGA LAS ALAS AL ATARDECER VI
El mar pliega las alas al atardecer,
tú no eres sino una pálida burbuja
navegando al golpe del aliento,
un negro trino,
el sol que sale en el centro del pecho
en mitad de la calle,
un silencio en la música dura
de la ciudad sin límites.
Para atravesar ese océano,
ese golpe de luz en la siesta,
no bastaría la eternidad.
II
El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, tenemos prisa por golpear
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? ¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo,
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.
El agua de tu rostro
en un rincón del jardín,
el más oscuro del verano,
canta como la luna.
Fantasma.
Terrible a mediodía.
A la altura de los lirios
la muerte sonríe.
Sobre una pequeñísima charca,
ojo de dios,
un insecto flota bocarriba.
La miel silba en su vientre
abierto al dedo del estío.
Todo canta a la altura de tu rostro
suspendido como una luz eterna
entre la noche y la noche.
Canta el pantano,
arden los árboles,
no hay distancia,
no hay tiempo.
El verano trae lo perdido,
el mundo es esta calle de fuego
donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,
donde los cuerpos se consumen
enlazados para siempre
en lo más negro del verano.
En un rincón del jardín
bajo una piedra canta el verano.
En lo más negro,
en lo más ciego y blanco,
donde todas las rosas caen,
allí flota tu rostro,
fantasma,
terrible a mediodía.
Es fría la luz de la memoria
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia
tras cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo
así cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto
crece el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir
hasta el último aliento
sólo esto
eternidad aparente
mísera astilla de luz en
la entraña
del animal
que apenas estuvo
puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que al aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama
La más notable escritora peruana ya no está con nosotros, su corazón dejó de latir y se apagó la madrugada del 12 de marzo. Con 82 años de edad dijo que fue suficiente y se llevó a quien fuera – lo sigue siendo - una de las figuras más notables de la poesía hispanoamericana.
Siento un calor ominoso que se me sale por los ojos, un nudo en la garganta, una consternación que se lleva el aire. Ella no está, ya no está. Todavía no me lo creo, sólo ayer limpiaba dos de sus libros para volverlos a meter al morral y hoy, al revisar las noticias en la web, me encuentro con esta fatal. Otra vez la muerte, una vez más su risa brillante, siempre su inevitable recurrencia.
Quien falleció esta madrugada, en circunstancias que todavía los medios no han hecho públicas, es la voz femenina más lúcida de la poesía de esta parte del continente. La más rigurosa, la más asombrosa. Y dejando los géneros de lado, la obra de Varela es sin lugar a dudas una de las más notables de nuestro país, al lado de Vallejo, Eielson, Adán y Eguren.
SU VIDA. Blanca Leonor Varela Gonzáles nació en Lima el 10 de agosto de 1926 e ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1943 a estudiar Letras y Educación. Dicen que allí se inició en la poesía, aunque de seguro esta le escogió mucho antes. Fue en San Marcos en donde conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, y Fernando de Szyszlo, quien fuera su esposo y con quien tuvo dos hijos.
Fue parte de la revista Las Moradas, dirigida por José Emilio Westphalen, desde 1947 y en 1949 emigró a París, donde sería parte – junto a Szyszlo – de uno de las intensas épocas artísticas. Fue en la ‘Ciudad Luz’ en donde conoció a Octavio Paz, quien sería determinante en su carrera literaria, puesto que la conectaría con los intelectuales de la época: Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Henri Michaux, entre otros.
Tras abandonar Paris, vivió en Florencia y Washington, donde se dedicó a hacer traducciones y eventuales trabajos periodísticos. Regresa a Lima en 1962 y se establece definitivamente.
SU OBRA. El hecho que algunas de sus obras hayan sido traducidas al alemán, francés, inglés, italiano y portugués; o que haya sido premiado con Ha sido condecorada con la Medalla de Honor por el Instituto Nacional de Cultura del Perú y los premios Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2001), Federico García Lorca (2006) y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2007), sólo son pistas de la calidad de su poesía.
Entre sus principales libros podemos rescatar: Este puerto existe (1959); Luz de día (1963); Valses y otras falsas confesiones (1973); Ejercicios Materiales; El libro de barro; Concierto Animal; la antología Canto Villano (1978), prologado por el propio Octavio Paz; El falso teclado y la recopilación Como Dios en la nada.
Bien se sabe que Varela le huía al piropo barato o a las cámaras del jetset. No acostumbraba dar entrevistas ni aparecer en público, esa era su firma y se recluía en su propio mundo, en donde la muerte había cobrado otros valores y significados.
Desde hace algunos años se encontraba muy delicada de salud pero creo que muchos la imaginábamos eterna, como en realidad es. Ahora está al lado de su hijo Lorenzo y los vates Pablo Guevara, Washington Delgado, José Watanabe y JEE, quienes se le adelantaron hace pocos años.
Pero pase lo que pase su obra queda incólume, para recibir ese “tacho de basura” desde las entrañas, para escucharla muerto o muerta en ella, para sonreír y llorar con cada palabra. Y es que Blanquita tenía razón cuando dijo “me sobrevivirán aguja vaso piedra hormigas afanosas”. Porque como tú, “ácido ribonucleico somos pero ácido ribonucleico enamorado siempre”.
Descansa en paz, maestra!
La Muerte Se Escribe Sola
la muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez
entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada
trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
baja la escalera
el corazón se deshoja
la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
enrejados
Más allá de tu cuerpo, de tu propia y virginal sensualidad, de tu apropiada diferencia en los sinuosos contornos de tu fisonomía, quiero dedicar estas páginas, al susurro de tu verdad.
Muéstranos tus sueños, inquietudes, delirios, fantasías y por sobre todo, tu verdad, sin máscaras con la fina sensualidad de tu íntima naturaleza.
El anhelo que me circunda, es que podamos, por último, caminar estos senderos con la comprensión necesaria y ser infinitamente felices, sin dejar la irreconciliable y aparente línea que aún no somos capaces de compartir en el respeto del uno por el otro.
Quiero que este proyecto abra el espíritu y no permita que el cinismo colija con el derecho inalienable a la proyección completa del amor; la relación Hombre y Mujer, escrito aquí con sagradas mayúsculas.
Gracias por la inquebrantable voluntad de mujeres que, participando en esta Antología, nos muestran, una vez más, su extraordinaria generosidad.
Jaime León Cuadra Monsieur James
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Sutil de entre las grietas emanas cual palabra, tanteando vocablos en las sombras de la idea. Falsificas embustera y demagoga una alegría. Das frutos en la piel y erosionas el suspiro.
A veces te descubre sediciosa mi retina. Te embriaga insaciable bebiendo adversidades. Te muda por las bocas vehementes del instinto y te acopia en silos de espíritus nocturnos.
Yo sigo en ti como las notas de un tango que tristemente se esparcen por las nubes buscando el adjetivo que me lleve hacia tu boca inquiriendo tu silueta en las siluetas de la urbe.
Porque tu hambre de Artemisa me obliga a tenderme como alfombra en el Olimpo Porque me duelen las pisadas de tus dioses y mi alarido es mas fuerte que el gemido.
Sigo como un salvaje que busca el alimento en las carnes de un ciervo que escupe metáforas, y salgo a la caza de las serpientes que reptan dejando huellas de oscilación entre mis verbos.
Sigo porque el nirvana del idioma me libera cuando la cadena del instinto es un grillete en la psicosis mística de mi cerebro fósil.
Porque fue de misterio la niñez umbría y mi voz se elevó sobre las copas de los árboles para acariciar tu corazón sin rostro para besar la llaga de un linyera en el crepúsculo.
Yo sigo en tu palabra porque nací del silencio, y la mudez de la madrugada atormentó mi grito. Sigo en ti como las notas de un tango pegado a tu baile de seducción y de capricho.